Tal era el sentimiento compartido por todos los ciudadanos que salieron ese día de año nuevo a la actual calle 25, en el barrio San Nicolás, entonces borde nororiental de Cali, para esperar la locomotora a vapor que inauguraba el recorrido completo entre la isla de Cascajal, puerto marítimo de Buenaventura, y la capital del nuevo departamento del Valle del Cauca.

Y era un sentimiento compartido seguramente por toda la población de la región, que había aprendido a entender el ferrocarril como la condición fundamental para iniciar la integración con el resto del mundo, sentar las bases para su desarrollo moderno y afianzar su recién lograda separación política del Estado del Cauca.

La sola mención de los ferrocarriles arrastra una buena cantidad de evocaciones que más se agigantan cuanto más lejano parece el día en que comenzó su declinación. Hay músicas que remiten al ritmo del tren, el ritmo de historias de pasión refrenadas por la poesia popular de boleros y chachachás. Historia de abuelos y padres, fotografías familiares con recibimientos y despedidas en los corredores de las estaciones, llenando recuerdos de ocasiones que parece no podrán repetirse más.

(CARTILLA ARQUITECTURA DEL FERROCARRIL DEL PACÍFICO – PLANOS Y DIBUJOS, BOTERO)
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